Sábado 25 de abril

La “Jota” de Diamantes

 

El encierro tiene sus propios recuerdos, los que vienen de mirarse y mirarse sin cierre. Estamos dentro. La peste en mi pago es un encierro sin juegos. Solo ni al solitario es agradable.

Si quisiese volverlo mas nostálgico cambiaría el titular de este resumen de sensaciones en la mitad de la cuarentena por otro: “Jota” de corazones,  ya que es sabido que la palabra corazón está mas cargada en el ideario popular que diamantes o “carreaux” (diga carró), también rombos. Mario quería la jota de carró. La fidelidad ante todo. Fidelidad al cuento. Tengo mucho respeto por la jota de carró.

Las cartas tienen nombre y nosotros le decimos así. Corazón, trébol, pique y carró. Las nombramos así. Cada uno es según te nombran.

La baraja francesa es un conjunto de cartas de 52 unidades, con cuatro palos. En francés: Cœurs (Corazones), Carreaux (Diamantes), Trèfles ( Tréboles) y Piques (Picas)

Nosotros jugamos con 32 cartas, eliminamos desde el 2 hasta el 6 inclusive.  Hablo de póker.

Las barajas con los símbolos franceses ya se utilizaban a principios del siglo XV. Suele atribuirse su invención al caballero Etienne de Vignoles, más célebre como La Hire, muerto en 1442.

Hablo de póker y muchos piensan en Yankilandia, que vino después, con la épica del Saloon y de Búfalo Bill. Del mismo  modo que, por otro andarivel, llegó el chinchón y el truco, la brisca, el tresiete, el tute cabrero y la básica, finalmente la escoba de 15 y la loba, dejando para otras vicisitudes: Canasta Uruguaya y Bridge.

El póker siempre fue el póker, hasta la llegada de los juegos facilitados en la televisión. Del tarot dos cosas. Las cartas y la suerte mas la persistencia de los Arcanos menores, los Arcanos Mayores allá, con los adivinos, los predestinados, los sensibles y la vida en la interpretación de “Chiquita” y “Mafalda” (usaban el tarot marsellés) las dosmentalistas del barrio que, por extensión, curaban el empacho y sacaban “el Mal”, cuando sucedía eso, que a uno le hubiesen hecho un “Mal”. Misterios que nunca resolveré y para los que Lovecraft es un altísimo especialista y Stephen King un fenomenal oportunista, también lejano de Edgar Allan Poe, a la vez que singular y eso: exitoso.

Tarot, la suerte y creer o no creer. La Jota o el Jack está allí, en las cartas que usábamos, en una secuencia real que arranca con el 10, sigue el Jack, la reina Q, el rey K y finalmente el As. En letras y números según el orden10/J/Q/K/A.

Flor real o escalera real es cuando se tienen esas cinco cartas en la mano, en ese orden, mientras se juega con los otros adversarios.Las cinco del mismo “Palo”. Las preferidas de Mario las de “carró”. Mario  jugaba con nosotros desde antes de antes, porque era de mi barrio en Santa Fe y vinimos en algún año a Rosario a estudiar y ya nos conocíamos de aquellas calles y aquellas rivalidades: Colón y Unión de Santa Fe.

Como el juego de póker clásico, aquel de los cowboys y de las largas tenidas en el barrio, es de cinco cartas en la mano y eso, la escalera real en la mano es un sortilegio, una casualidad, un milagrito en el paño verde que es difícil, por tanto  eso tiene premio. Jugábamos por plata. Jugaremos, si es que se vuelve de esta cuarentena con aquellos vicios/placeres nuestros.

Este es un recuerdo que trae el encierro y que debo relatar antes que el olvido se lo lleve.

El viernes 16 de marzo de 2020 terminamos de jugar entre los amigos que, desde hace muchos años (sin intervalos desde 1976) nos juntamos a jugar a las cartas y beber, a contarnos cosas y a burlarnos. A ganar y perder hasta la semana que viene. Fue la última vez. Algo intuíamos, porque recordamos a varios. Al ”ruso David” y su frase cuando perdía: “cómo puedo yo perder en esta mesa”. A “El Perro Lalo” y la suya: muchachos nuestros nietos nos van a cuidar, pero juntemos plata para jugar a las cartas, porque para eso en el geriátrico no nos van a dar…” y la de Mario, la de Marito:” va a venir, algún la voy a ligar…” porque insistía en buscar esa real de carró “al hueco”, buscando que apareciese la jota. Pocho, el cordobés, aficionado a las estadísticas le decía. “Son 32 cartas que repartimos de a una, a vos te tienen que llegar en el reparto el diez, la dama, el rey y el as y, después, que en el descarte y recambio venga la jota de rombito –  carró, decí carró le corregía Tony… – va a venir, algún día va a llegar –  insistía Mario.

Lalo el perro, el ruso David y marito de los primeros que se fueron. La última partida a la que vino Mario, ya con  la mochila de oxígeno, al terminar la partida me dijo: “negro… puedo arruinar un mazo”… asentí sin saber. Tomó la jota de carró y se la llevó. Después se puso malo. Lo visitamos. El alquitrán de tabaco y la nicotina  le ganaron, después de cinco años, un partido con el referí en contra. Pobre Marito decía Tony este lunes 16 de marzo. Si juntamos los años de los que jugamos esa noche sumamos mas de 420 (años)

Mientras juntaba las cartas el Gallego, siempre callado, se oyó la voz del Canario, que es el de las preguntas molestas, que insistió:¿ bueno, no jugamos mas hasta que se vaya esta mierda?. Nadie negó. Nadie asintió. Siguió hablando en voz baja, mientras “Danielito”, que había estudiado con Mario y conmigo le preguntó: ¿para que preguntás lo que ya sabés? somos todos de riesgo… El Canario me miró y dijo: “muchachos, cuenten las cartas, que nadie se lleve la jota de rombitos”… -“de Carreaux”, le corregí- es lo mismo, vos sabés porque lo digo.

Callados se fueron. Yo no, jugamos en mi casa. Ignoro, pero creo que se porque recordamos esos personajes en ese lunes, ese día. El 16 de marzo del 2020. No apareció un nuevo día. La peste encierra todo en su caracol de Moebius. Quien esto escribe, como corresponde, no volvió a tocar esas cartas, ni para contarlas ni para verificar, ni para nada. Ni con  una orden del juez, como decíamos en mitad de alguna discusión que ahora se extraña. Allí se quedarán. Mas que al coronavirus le tengo mucho respeto a la Jota de Diamantes, de carreaux, de rombitos.