Nos quieren pobres e ilusionados

No soy un historiador pero las plataformas inteligentes, que guardan datos, ayudan con eso, sus datos. No son los mejores, son los que se encuentran a un “click” de distancia. Aconsejo esos resúmenes de la historia del país a un “click”. Es una onomatopeya que, parece chiste, elimina las epopeyas y deja todos los gestos del pasado acumulados… a un “click”.

Los que gustan perderse en bibliotecas llegan a conclusiones similares. Sobre el fin de la primera guerra mundial (1914/1918) Argentina, pasados los fastos del Centenario, se encontraba en muy buena situación económica internacional, había respaldo oro para cualquier emprendimiento del Estado, el Producto Bruto era lo suficientemente claro como para entusiasmar a muchos.

El país recibía inmigrantes pobres y con ganas de trabajar de lo que fuese, después de huir de miserias y hambrunas y, por lo demás, los pocos empleados del Estado agradecían la tranquila existencia de un magro sueldo y un lento papeleo.

El interior era de estancias y enclaves urbanos que empezaban su vida. Desde antes asomaban con sus tejas y sus iglesias los viejos colmenares de la colonia. En ellos la clase de menores ingresos apenas si leía. Nadie soñaba mas allá de lo posible y lo posible era la paz y el mendrugo.

Cuando Milei dice que “hemos perdido un siglo”, que retrocedimos, no caben dudas que se refiere a esta Argentina de una clase alta, la de los viajes con “la vaca atada” en la sentina, para la leche fresca en el barco a Europa.

No fue gratis el confort de El Centenario. Alguien pagó ese PBI y lo sabe Marcelo Torcuato de Alvear viviendo en Francia unos años felices y, además, representándonos. Es Irigoyen quien lo aleja.

Alvear vuelve y es presidente. El “Alvearismo” es, si los biógrafos lo permiten, como los años de su titular: Alvear. Había un aire mundano y cajetilla, bien pensante y casi, casi europeo. Esa Argentina estaba entre las primeras de un mundo que hoy no existe y del que resulta imposible una repetición. Goytisolo se lo canta a Milei: ”tú no puedes volver atrás, porque es la vida la que empuja…”

No es sencillo hablar de una Argentina próspera si quitamos el contexto. Eran años de las luchas anarquistas, de las primeras manifestaciones obreras, de un país con una sola ciudad y dos puertos. Buenos Aires y el de “La Chicago Argentina”. Quequén y Bahía Blanca eran un esperanzado proyecto. Estaba la Reforma Universitaria y, ejem, ejem, la Revolución de Octubre. Sería interesante… acaso jocoso, una opinión de Milei sobre “los 10 días de octubre”… que cambiaron el mundo.

No se sabe muy bien si vinieron ricos los padres de Milei, si por esos años existían aquí o allá, si llegaban o estaban. Clase Alta no eran. Ese PBI no existe ni en el más afortunado sueño familiar. Cuando Milei lo oferta como zanahoria no habla de su vida (familiar) esto es obvio por otra razón: este presidente tiene – todavía – 60 años más de Siglo XXI antes de pensar en jubilarse. El 1920 le queda muy atrás, solo con libros y los libros, ya se sabe, tienen todos mala memoria. Todo libro de historia es un recorte.

Puede ser que el señor Presidente no tenga como objetivo el sueño de algún inmigrante, tampoco el de los herederos de aquellos próceres de la colonización/liberación, que atravesaron a lomo de diplomas, herencias de títulos y haciendas el paso por el 1810, el 1816 y el 1853. Con más el 1860 y la redefinición de la provincia país (Provincia de Buenos Aires) y su unificación. En el 1920 el país es uno que ya no existe. Snif. Lloremos. No vuelve. Milei lo sabe. Eso preocupa porque insiste en un sueño del pasado que (Gardel/Lepera dicen) ya no se puede resucitar.

Es posible que el señor Presidente piense, con legitimidad de pensamiento (los pensamientos y las ilusiones son eso…eso que con los ojos cerrados se plantea posible) que era ideal aquella Argentina del pobrerío en las estancias, de la quieta vida en plácidos sitios -inamovibles- del interior de un país agrícola/ganadero exportador y admirador de sus raíces, de Europa, un país de pampas fértiles donde nada era rápido y extenuante, sino tranquilo y favorable. Es posible, no es sencillo aceptarlo pero convengamos: el presidente dice que hemos perdido 100 años y eso nos lleva a 1920 y sus alrededores.

Hay, sobre la Ley Sáenz Peña, distintas versiones de su origen, controversial, algunos suponen se hizo para decir que estaba, no para ejercerla a fondo, pero el ciclo es Irigoyen/Alvear /Irigoyen y adiós. El 6 de mayo de 1930 llegó el golpe. Siete días después está preso el General Mosconi.

El voto popular en la Argentina, con el radicalismo tan cercano a un pan socialismo europeo, trajo “cosas”. La mas elemental es la que está hoy en franca discusión: el voto popular, con el agravante mayúsculo: secreto y obligatorio. Universal. Todos juntos ahora. Se insiste: está en dudas el voto popular, universal, secreto y obligatorio.

Milei no quiere el voto popular porque éste contiene diversidad de pensamiento y parecería (usemos el condicional para regusto de los melindrosos) parecería, se insiste, que Milei quiere el pensamiento único o mejor: un único pensamiento, el suyo.

Los partidarios de la muchacha del arrabal platense no deben enojarse. Solo que Milei es más joven. Con CFK nadie debatió cuando fue presidente. Tampoco discusiones en público ni declaraciones diferenciadas. Un mayor ejercicio de la simulación en la lucha por la vida (según don pepe Ingenieros) hacía que, previsora, cortara los debates antes que empezasen y los disensos antes de la primera respiración discordante. Un único pensamiento, el suyo. Nada los separa.

Milei no es un ignorante los movimientos cortesanos que hoy disfrazan la injusta presencia del pensamiento único o, acaso, sea un Luis de los que decía que el Estado era él. Y tal vez sea eso. Hay dudas, porque dice que el Estado es un parásito y el motor del progreso la empresa. Algunas, al menos, las más conocidas en su C. V.  Pero si el Estado es él habría que advertirle que sobrevendrá el diluvio, los Luises no fallan.

Mientras tanto el “alvearismo” y su PBI del primer centenario de Argentina se pasea por el ensueño de un Presidente que, en mitad del alboroto mundial, cita a los 100 años previo a su mandato como malos. Lo cierto es que los censos de pobres, de inquilinatos, de inmigrantes, de viajeros que llegan sin maletas nos pone como crisol de razas y país de la esperanza. Argentina era rica en economía y raquítica de huesos y alegría de su gente. Éramos un puerto recibidor de futuros en valijas de cartón despintadas y rebosantes de ropa vieja. Para Javier eso era bueno.

Algunas cosas estaban convirtiéndose en larvas. Estaba “larvándose” la década 40/50. Todo eso es un después. Antes lo que se indica como antecedente con aquellas cuestiones populares de Irigoyen, la energía y la industria nacional. Con las otras cuestiones: un señor Raúl Prebisch el 1935 y un cargo que sostuvo hasta 1943. Nada es propuesta del azar.

Extrañeza muy… extraña; cuando Milei dice que odia al Banco Central, que lo quiere cerrar, pocos le preguntan qué piensa de Prebisch, de los ingleses, de la mismísima creación de la entidad que tanto odia y pocos se miran en el espejo que resulta de esa propuesta. Están sus rostros en el espejo que quiere romper Milei.

No soy historiador, tampoco economista, solo traslado la memoria de los míos que estaban por estos pagos y dejaron leyendas de fogones.

Lo personal nos invade. Éramos pobres, pese a alguna magra hacienda y los arrozales a mitad de camino de una ciudad inmigrante y en formación (Rosario) y otra calma y tranquila, dueña del estampillado y el sello (Ciudad de Santa Fe).

No eran muchos los que estudiaban ni tan fácil el fin de mes. Eran muchas las ganas. La biblioteca, los libros prestados y la ilusión. La primera mitad del Siglo XX produce (engendra) un gen que no se ha muerto y que va a contramano del irascible dogma de Milei (que poco a poco que pasan los días sigue siendo irascible pero es, antes un ejemplar de conservador de principios del Siglo XX que un anarco capitalista, calificación teórica que es casi, casi un  oxímoron).

La segunda presidencia de Irigoyen, que el golpe interrumpe, trae el Banco Central y la resolución inatajable: que vengan todos al país de las ilusiones pero ay, qué cosa, cada vez que el voto es universal, secreto y obligatorio – desde entonces hasta hoy – las cosas se ponen difíciles.

Este presidente propone una antigüedad. Milei quiere que todos seamos como el abuelo inmigrante, “la nona” que soñaba con “el paesse” y la esperanza de lo mejor en nuestros hijos, acaso en los nietos. Mientras tanto la hambruna y la resignación: el voto popular nos condenó. Atentos con eso. Hay una duda. Es aquel voto. Es la sucesión de votos populares. Es este voto de noviembre del 2023. Debemos abolir el voto popular…Milei trae dudas sobre lo consagrado. Es su secreto mediático.

En el 1903 un uruguayo (cuándo no, qué cosa estos cisplatinos…tan adentro de una historia común) escribe una obra que da el perfil del país que estaba armándose: “M´hijo el dotor”.

Pobres e ilusionados trabajaremos de sol a sol para que nuestros nietos sean felices. Milei dice que en 30 años seremos una potencia mundial. Espero verlo… perdón: a Milei espero verlo entonces.