No fue magia, créame

Asombro, pregunta y lágrimas

El asombro. Tres veces fui al cine en esta semana larga. Ver, después de tantos años El Padrino, teniendo solo vecinos italianos y entendiendo, como hace 50 años, que por allí va la cosa de estas sociedades es para el asombro. No es Sicilia. Estamos todos, en Argentina al menos y claro, dejo fuera la colonización que hace de Salta, Jujuy y las ciudades lejanas al Puerto de Buenos Aires un sitio donde la mafia está, pero tiene otro comportamiento. Las ciudades portuarias crecen con la mafia entrando, las ciudades de la colonización de la cruz y de la espada crecen con la mafia confesándose mientras por la parte de atrás de la sacristía roban, violan y matan en bandada. Volvamos.

Es sencillo asombrarse al ver el retrato donde estamos tantos. Diane Keaton ¿estaba o no estaba? (entiendo a Woody Allen que la usó para la mejor: Manhattan) estaba y sigue igual. No es magia, es asombro. Somos eso y los 50 años vuelven la película más actual, más desfachatada, más si señor, si señor eso somos, que caray, y está bien que lo advirtiesen hace tanto el señor del libreto y el caballero de la magia. Puzo y Cóppola, backs centrales del asombro que no cesa. Por algo será. Sencillo: somos parte.

La pregunta. No es necesario ser tan avisado para conocer las novelas de Agatha Cristie. Muerte en el Nilo fue publicada en el 1937. Sobre noviembre dice la computadora. Ha pasado mucha agua en ese viejo río que como todos los ríos de llanura busca lentamente el mar y cabe preguntarse: ¿ si ya sabemos todo para que vamos y vamos a ver las películas policiales…?

Encuentro la respuesta al misterio de la presencia sin misterio en un lugar donde lo mas valioso es el misterio y el suspenso que acompaña hasta saber la catadura del mayordomo… casi el fin del misterio, que lo hacemos del mismo modo que elegimos a nuestros gobernantes, a nuestros enemigos, a nuestra historia, a las comidas que hacen mal al equilibrio psicosomático pero son las mejores y, en general, al capricho del sobresalto, inherente a la porfía del humano. Un tigre no tropezaría dos veces, saltearía el tronco, seguiría su camino y, como dice “my dear Georgie”, ni siquiera sabe que es tigre, simplemente avanza. Ver el filme (para no decir “película”) es entender que no es el misterio sino la porfía la respuesta a la pregunta.

¿Por qué vemos Muerte en el Nilo, con esos ridículos bigotazos del belga Poirot y sabiendo el final…? Bueno, porque es una urna cerrada y votamos la pregunta: cómo nos gobernarán… el yerro es creer que Agatha tendrá la respuesta que queremos pero la autora tiene la de un  libro escrito en el siglo pasado, en su primera mitad. Es tan argentina esa muchacha, Agatha.

Lágrimas. Vi Belfast. Es una pelea fratricida. Es una guerra interior. Es terrorismo. Es invasión. Es blanco y negro y detengámonos. Irlanda del Norte. Estamos en el 1960, para redondear. En esa década estamos. Los que estuvimos sabemos de qué se habla cuando se menciona el comienzo del ’60. Ya una película anterior, en blanco y negro, donde trabajó la hija de Buddy Bejo, aquel del Centro de Cine en Rosario en aquellos años, estuvo para los premios en yankilandia (El artista) y esta de Branagh también. Yo elegiría a la veterana Judi Dench.

El blanco y negro obliga a mirar el cine como un arte y no como una exaltación del brillo y la pompa. Digresión: hay algunas tomas en el comienzo de “Morir en Madrid” que detendría la peli, robaría ese “cuadrito”, cada fotograma una mirada que conmueve. Eso es el blanco y negro.

Por detrás la pobreza y esa esperanza inusitada que estaba en “La vida es bella” en “Cinema Paradiso”, que en Belfast está en el homenaje que hace al cine yanki de vaqueros con escenas inatajables que deben verse y vayan a verlas porque son parte del mensaje de Branagh.

Se que hay muchos que esperaban que atacase a unos o a otros de los terroristas y asesinos en el Ulster. No hace falta. Cuando la cámara toma a Judi Dench y sus frases lloro y estoy solo en el cine en este carnaval y me digo caramba, si lloro así por algo que no es mío qué cosa propia se mete en ésa película y me contesto que se sabe… eso es el arte.

Asombro, preguntas, la emoción que se escapa. Así se ha ido este carnaval. Ojalá vuelva pronto para quitarle razón al poeta brasilero: la tristeza no tiene fin.