Milei sabe correr el arco

Milei trabaja mirando la “ventana de Overton”.  Asumamos lo visible. Es el presidente de los argentinos. Todos los acontecimientos que provoca, o sobre los que actúa, operan sobre dos espectadores (pocos son actores reales en su acción /relato/ consecuente con el día a día)

Un espectador de los actos de Milei es el común, el “de a pié”, el que recibe los hechos de la política económica/social de los gobernantes como sopapo en el pecho y desaliento en el bolsillo. El otro el que intenta ser parte de eso que se llama Gobierno. La suma de las oficinas., organizaciones, arquitectura de escritorios donde el país intenta ordenarse y gobernar/nos. Ahí es donde Milei opera corriendo el arco. No es casualidad. Sabe muy bien cómo recibirán esos hechos los dos espectadores de su show. El ciudadano ”de a pié” y el burócrata. Distinto lugar en la platea. De todos modos eso: espectadores.

-“La ventana Overton” es una teoría política que representa un ideario aceptable por el público como una ventana estrecha, afirmando que la viabilidad política de una idea se define principalmente por este hecho antes que por las preferencias individuales de los políticos. Se denomina de esta manera por Joseph P. Overton, exvicepresidente del Centro Mackinac de Política Pública. Para cada momento, esta «ventana» incluye un rango de políticas aceptables de acuerdo al clima de la opinión pública, que un político puede recomendar sin ser considerado demasiado extremista para poder ocupar o mantener un cargo público”-.

Wikipedia define las cosas de un modo fácil, casi elemental. El asunto se complica si se agrega que a medida que se dicen, que se ofertan, que se muestran ideas mas locas, mas atrevidas mas…”inaceptables”, la sociedad se asusta pero… aparece otra mas loca atrevida, disruptiva, mas… “inaceptable” la anterior queda dentro de lo posible. Lo que “parecía” extravagante, atrevido, hasta fuera de la ley y, de hecho, de “lo convencional”, se tornaba menos imposible, mas cercano.

El consejo de los asesores es que esa Ventana de Overton, que va de lo mas atrevido a lo mas conservador, entre las cosas que debe mencionar, tratar, ofertar un candidato puede “abrirse” en favor de quien sepa usarla, si a una idea loca se le enfrenta otra mas loca, y otra y otra…

Qué sucede… que aquello que parecía atrevido entra en la “Ventana de Overton” y sorprende a los que la creían cerrada. Aquello que hacían lo “políticamente correcto” y aceptado.

De un modo brutal y salvaje Milei trabaja abriendo esa ventana. Para enfrentarlo no se trataría (tiempo potencial que debo usar por ser nada mas que un veterano periodista) de retornar a lo conocido, conocido y vituperado, como el discurso tradicional porque eso no abre la Ventana de Overton sino que la deja tan estrecha como estaba; se trataría de otra cosa mas avisada, no mas fácil: estudiar ése comportamiento y encontrar respuestas válidas. Se entiende como válidas aquellas que reciben el visto bueno, el puede ser, el fin del asombro al mencionarlas.

Volvamos a Wikipedia: “Joseph Overton observó que para cada área de gestión pública, solo un estrecho rango de potenciales políticas son consideradas aceptables, dependiendo primeramente si les conviene a los políticos apoyarlas, antes que sus preferencias personales. De esta forma, ese rango varía no cuando las ideas cambian entre los políticos, sino entre la sociedad que los elige”

Motosierra. Casta. Coimeros. Dolarizar. Traidores. Lali Depósito. Andá al sicólogo. No los observemos como desplantes – que lo son – ni como exabruptos injustos, aunque lo sean. Tenemos que advertir que corre el discurso político. Que mientras nadie se anima a salirse del discurso tradicional Milei se sale, cada vez mas.

Sube a un escenario para encontrarse con una mujer con traje de luces, en mitad de un cuadro musical, la abraza, la besa fuerte y vehementemente, se da vuelta y anuncia que estamos venciendo a la inflación. Convengamos: no es lo mas usual. Corrió los límites. Abrió un poco mas la ventana, la Ventana de Overton. Antes ya había realizado maniobras públicas que parecían alocadas.

Cuando Trump dice que construirá un muro altísimo con/contra Méjico, que lo pagarán los mejicanos, que expulsará a los inmigrantes que tienen un hijo para que el hijo – yanki – legitime su presencia en Yankilandia corre los límites de lo “políticamente correcto”, hizo un cambio notable: abrió mas la Ventana de Overton. Vamos… hasta su peinado es parte de un “corrimiento de lo posible”.

Se trata de eso, de correr lo posible, de acercar lo imposible, lo que está fuera de la fórmula consagrada del mensaje lentamente se acerca hasta el ¿y porque no…?. Apenas el pensamiento atrevido y alocado, fuera de lugar, se clava en algo inasible, el inconsciente colectivo (Charlie dixit) el resto de los competidores queda desaforado.

El asunto se vuelve tema de especialistas si estos, los que verdaderamente tienen un sostén teórico práctico de lo lícito, lo permitido, lo consagrado y mas, de aquello que inconscientemente se desea pero que no se cree posible encuentran quien acepte tal forma de traspasar la barrera del anonimato y el aburrimiento el destino es diferente y claro: la Ventana de Overton se convierte en una cuestión de manipulación, de encontrar cadáveres, culpables, se convierte en una herramienta que no tiene límites, que no se le conocen.

La historia me exime de mencionar momentos en que esto sucedió. No soy historiador, espero que quien lea entienda. Muchos fabricaron andamios sobre las coyunturas. Tremendos y trágicos edificios después.

No es lícito plantear el triunfo de una ventana mas grande, como la que oferta Milei y quienes desarrollan esto con él. No es lícito suponer que esto es un plan. Es posible, sin embargo, advertir que no se trata de un “out sider”, un fuera de lo común que acertó un pleno en la ruleta política.

Pero… pero… la trascendencia del azar en el fenómeno sociopolítico que es Milei sería altísima y, si la conducta sigue, ya no es la suerte del primerizo. Hay planificación y cabe preguntarse si eso es bueno o es malo, pero en todo caso debemos prevenirnos porque lo que sucede es la “inevitabilidad” de los hechos, y permítame el neologismo: es inevitable. Estamos en pleno desarrollo de la “inevitabilidad de Milei”. Nada hay que se oponga para sostener aquella teoría de la física elemental, el “Principio de Acción y Reacción”, pero no se produce la fuerza en dirección contraria y con la misma fuerza. Algo diferente a la física interviene. Altera algo tan elemental como eso: acción y reacción.

Se puede entender un acierto, es posible aceptar la lectura correcta de las frustraciones y de qué modo inciden en el ánimo de un pueblo, un día, una vez. Hasta se puede definir de un  modo mas elemental y que nos deje tranquilos. Javier Milei corre el arco del relato y de los factos de gobierno cada día. Nosotros lo elegimos. Conciente e inconcientemente.

Milei con su forma de atraernos nos deja sin un argumento que antes se usaba. No cabe el enojo cada vez que nos mete un gol. Si nos preguntásemos el porque estaríamos en un estado conocido del conocimiento: “los niños y la edad de los porqué”. Al menos eso, estaríamos explicándonos (para poder dormir tranquilos) que somos niños asombrados ante un prestidigitador que supo, o le enseñan todos los días, abrir una ventana. Parece poco. Es muchísimo.