Lunes 30 – Se violaron a Rousseau

Hace años escribí un ensayo defendiendo “el contractualismo” como herramienta del Estado posible en Argentina. Apenas llegó la democracia de la mano de Malvinas y el 1983. El título fue “Se están violando a Juan Jacobo Rousseau”. La peste en mi pago trae aquellos vientos. Este es el siglo del olvido selectivo (como siempre) y la memoria escuálida, otro clásico. Igual. Hay un reclamo. La violación sistemática de los tres pilares que se necesitaba fortalecer trae un edificio chueco y en caída libre.

El “modo Coronavirus” de encarar el día a día en el mundo expone la diferente forma de entender un eje tan visible que nadie lo ve: Orden versus Libertad. No es igual ante el mismo sujeto. Y las obligaciones a las que refiere Rousseau.

El verdadero contrato social, para Rousseau, ha de ser, pues, un contrato de libertad. Pero ello no significa, en modo alguno, que en el orden social y político establecido por el contrato social no haya y tenga que haber sumisión y obligatoriedad de la ley.

El carácter genuino del problema está, al contrario, precisamente en el sentido de la sumisión a la ley y en el sentido de la libertad. En efecto, «el problema fundamental del cual el contrato social da la solución» –escribe Rousseau– es «encontrar una forma de asociación […] por la que cada uno, uniéndose a todos, no obedezca, sin embargo, más que a él mismo, y permanezca tan libre como antes» (Del contrato social, libro I, cap. VI).

En el contrato social rousseauniano, por el que se pasa de una libertad «natural» a una libertad «civil y política», se da una voluntaria y libre alienación, una desposesión de lo que pertenece al «hombre natural», pero no en favor de una voluntad individual, sino en favor de toda la comunidad, viniendo así a crear una unión social perfecta, cuya expresión y principio rector es la voluntad general.

Los hombres no se someten sino a la ley que ellos mismos se han dado. El sometimiento a la ley lo es a ellos mismos, que libre y racionalmente se han impuesto la ley”. Debemos revisar Wikipedia, una biblioteca con menos anaqueles polvorientos.

Para no ponernos difíciles. Si aceptamos que la salud, la educación y la seguridad nos fuesen organizadas por un pacto que pedimos, que impulsamos para que la comunidad organizada fuera igualitaria y buena, posible, para crecer socialmente, el Siglo XX nos engañó, violaron ese pacto social, ese contrato. No fue “crecedora”, fue engañadora la sociedad. No demos vueltas a la cuestión: nos engañamos.

El virus pone al desnudo, deja desnuda y grande la mentira peluda. Muchísimos pobres y desvalidos, instrucción retrocedida, seguridad fuera de la ley y salud comprometida. Buen día Siglo XXI, aquí estamos.

La violación producida allá, trae su secuela hasta acá. El mundo mira de qué forma los contractualistas resuelven una pandemia que se insiste, desnuda las traiciones al contrato y pone, además, a la economía del mundo en juego.

Sobre este fin de marzo se advierte que la Economía deberá resolver un quiebre infinito. La salud una amenaza inatajable y el estado Gendarme no está mejor, pero que ése orden excesivo fabricó la tentación de comprobar las estadísticas de muertos y sobrevivientes según los regímenes. Un absurda competencia que apareció y aquí está. Con que sistema político (jurídico) se enfrentó mejor una pandemia. El Siglo XXI arranca con eso. Un cuadro estadístico de muertos, salud, orden y libertad.

Mas claro. En esta sociedad violamos a Juan Jacobo Rousseu. En otras, sin las libertades y los contratos, con el Estado de Bienestar o con Gendarmes como sujetos sociales expresivos, auténticos, dominantes, el virus azotó y la regulación virósica del Orden universal (no está mal eso de “regulación virósica”) nos dejará a los sobrevivientes con una certeza: no fue bueno violar a Juan Jacobo, porque nos estábamos flagelando.

No es bueno, si sobrevivimos, olvidarnos que esa violación trajo desequilibrios que se llevaron lo bueno a un lugar inasible, al contrafactismo que sigue resumiéndose así: “…si mi abuela no se hubiese muerto…” (literal, amigo, literal)