La fiesta se va a terminar un día cualquiera

Un día, un día cualquiera, amaneceremos con el sol iluminando los altos edificios con departamentos abandonados. En la planta baja se acumularon las boletas impagas de los servicios. Es un problema. Viven pocos inquilinos, los dueños no están y el portero se fue. No hay encargado y un ascensor no anda. Será el momento de darse cuenta que todo fue un juego.

Un día de estos se irá la inundación del barrio, en realidad dejó de llover hace 5 días pero es imposible limpiar las bocas de tormenta, la única calle asfaltada por donde iba ese caño maestro está intransitable y las cunetas de las calles vecinas arrastran y arrastran. Volvieron los sapos y hay mosquitos, las alimañas están refugiadas en la zona alta, donde está el Club. Hay que ir a buscar comida caliente, el camión trae a la gente que cocina, pero hay que esquivar a los bichos y los perros sueltos. Los perros son sabios, poca comida, mínimo espacio. No se pelean. En el techo del club hay 9 gatos. Lo mismo. Entonces advertiremos que se construyó sobre tierras anegables, inundables, peligrosas. Si llovía mucho se descubría el engaño. Sucedió.

Un día de estos podrán salir del pueblo los primos míos. Un pueblo chico donde todo era mas barato y el almacén fiaba hasta fin de mes. Cobraba lo justo, era el único. Le bajaban los cajones de gaseosa sin boleta y los pagaba un  poco menos y los vendía asi, a un  poco menos. El problema era con la señal de televisión  y la internet, pero en ése pueblo no hacía tanta falta. La vida mas despacio y en pocos canales si, total, todos dicen lo mismo. Están los que insultan, porque les pagaron para eso y los que elogian, porque están pagos para decir que todo es lindo. No pueden salir del pueblo mis primos porque el camino se cortó. Cortaron un terraplén para que escurra el agua, especie de dique de una urbanización, lo hicieron sin  permiso, desvía las aguas, se corrieron para la ruta, el pavimento era de segunda, estaba flojo y se rompió. El agua escurre tranquila pero la ruta no sirve. Hay que dar la vuelta por la ciudad allá, a 45 kilómetros. Un lío, verdaderamente. Los pibes no van a la escuela. Alguien finalmente reflexionará: la organización vence al tiempo. A veces.

Un día de estos se podrá jugar al futbol en las canchas del barrio cerrado, por ahora es imposible. Hay guardias por todos lados y no se puede traer invitados porque les piden documentos y dicen vinimos con el auto, con  los botines puestos, terminamos de jugar y nos vamos y les revisan el auto, les dicen señor bájese y al final es un  despelote armar un  partido de once contra once, la cancha es un  desastre, el baño no es muy grande y una napa que había ahí, a un metro, saltó, rompió las rejillas, el agua del baño se mezcla con  el agua de la napa, hay que tener cuidado con  la electricidad, jugamos de día, sin encender las luces, y al final no jugamos mas. Advertiremos que con miedo la vida es un raro juego. Los juegos son peligrosos.

Un día de estos podrán abrir todos los locales del shopping este, el que está mas cerca, no es el del aeropuerto, es el de la calle larga, está casi al final, pero no lo llenan, no es que cobren mas caro, pero no tienen  mucho para vender y poca gente viene a comprar, todos dicen lo mismo: está difícil dicen, y es cierto. Comprar y vender es un rito que necesita certezas. Es más que una apuesta.

En al Feria Popular de los domingos volvieron los cartoncitos del trueque, el trueque es sabio y es duro, pero es honesto, te pagan con cartoncitos y comprás con  cartoncitos, que están sellados por los que administran el club del trueque. Funcionan bien los puestos de comidas y zapatillas, que están en precio. Abrían los domingos, ahora jueves, viernes, sábado y domingo. Ya empiezan a vender electrónicos usados. Tienen una bajada de un farolito para que los prueben; hay que tener cuidado con los pibes, por la electricidad…un día de estos traslado hasta allá la máquina de escribir, bah, la computadora con teclado externo y empiezo a narrar el día por día… sabiendo que el final es el de siempre. Perdemos los más, ganan los menos.

Un día de estos se terminará la timba. Timbero: “Persona que toma parte en un juego de azar”. Timba: “lugar donde se encuentran para jugar y apostar”. Timbear (verbo regular, neologismo, participar en variantes de diversos juegos de azar). Ni bueno ni malo. El presidente es un  timbero, apuesta en cada caso a doble o nada. No conversa, no razona, piensa que va a ganar y apuesta. Le ha ido bien. Apostó a ser cantor y falló. Apostó a ser actor y falló. Apostó a ser columnista de televisión y ganó, a ser candidato y le fue bien, a ser presidente y acertó.

Un día de estos perderá. Lo entiendo. Soy timbero. Se trata de vencer al azar. Vano intento. Soy timbero, dije. Gardel cantaba: “basta de carreras, se acabó la timba, pero si algún pingo llega a ser fija el domingo, yo me juego entero, que le voy a hacer”.

En otro tango (Las Cuarenta, todo un texto) se avisa: “toda carta tiene contra… y toda contra se da”. Lo sé, me pasó, sucede a menudo. Finalmente, para ponerle un color (un teñido) más literario recordemos que “El Quijote”, finalmente, es un timbero que persigue fantasmas y peor, que su autor lo plantea como broma indicando que todo está perdido antes de comenzar y que ese mundo de honores casquivanos está en retirada. El más importante relato es una broma a los relatos.

Me provoca simpatía Javier Milei. Se ríe y hace cosas raras, aparentemente raras o poco tradicionales. Es un timbero. Eso es bueno para entender que en la ruleta hay rojo y negro. Él apuesta porque quiere y puede. Es fácil verlo. Sabe cómo es el juego, quien lo crea un ignorante de las leyes del juego se equivoca, apenas juega distinto. Hay mucho de doble o nada. A veces es un “sabot de Tiers” ( si sale banca y se repite banca hay que saltar a punto, nunca tres seguidas) en otras un  cartón de tiras (varias bancas seguidas, varios puntos seguidos). Juega y juega, es un  lúdico del patrón dólar y un ludópata de las redes.

Un día de estos entenderemos que todos somos los timberos. Alguien apostó por Javier. Muchos. Muchísimos. El 56% de los argentins fue timbero. “A llorar al campito”. Intuición. Capricho. Elección al azar. Venganza. “Ultima bola… ultimo pase”… (avisan cuando van a cerrar el casino) Él lo sabe, íntimamente sabe cómo es esto. Apostaron, lo acompañan.

Si alguien de fuera preguntase – seriamente – qué pasa en Argentina es sencillo: apostamos. El juego es tan antiguo como los mercados. Tres cartas o tres vasos, una mesa ratona, varios jugadores de mentiritas que pueden ganar y ganan, después llegan los que verdadera, inocentemente, apuestan.

Argentina está jugando a la mosqueta en el viejo mercado. Leer la historia sería saber que nunca está la moneda debajo del vaso que elegimos. Ni la carta señalada. En la timba nunca ganan las fuerzas del cielo. Gana la banca. De enero a enero. Un día de estos nos daremos cuenta….”Pero si algún pingo llega a ser fija el domingo”….