La boliviana y el “yorúa”

Segunda semana seguida de sol pleno en Mar del Plata. Complica el pos siesta y el bronceado el teatro nocturno. Se repite. Inscriptas al premio Estrella de Mar en sus diferentes rubrois 270 ilusiones.

Dos cosas diferentes ayudan a una confirmación. Cuando lo complican el asunto sale feo. Cuando lo simplifican el asunto se entiende.

En el pequeño teatro La Nona, en el Complejo Provincial (aquel sobre el boulevard Peralta Ramos, el de los grandes éxitos telenoveleros del ’70) en la sala chiquita entrando, a la derecha, se presentó “La Boliviana”, una obra de teatro con 2 personajes. Uno de ellos obvio: la boliviana.

En la mínima sala “La Bodega” dentro del complejo del teatro Auditórium, el grande, el Piazzolla, se presentó Tebaré Leyton, cantor y compositor uruguayo.

La autora y directora Luciana Giordano, hija de un conocido hombre de teatro y funcionario director de salas de Mar del Plata, ya fallecido, sostiene que la obra es:” una pequeña historia del encuentro entre dos mujeres”. Es cierto. Encontrar el nudo dramático es mas incierto. La obra tiene ocupado todos los lunes de enero y febrero ( temporada) un privilegiado espacio teatral.

Acompañado por Alejandro Benítez en guitarra se presentó, el martes 22 de enero el uruguayo (Tabaré, uruguayo, hasta ahí todo fácil)con una actuación que sorprendió. Al ser su repertorio esencialmente tanguero admite el lunfardismo: “yorúa” por uruguayo. Licencia que se usó en el título. Fue una actuación programada, pero única. No es nuestra culpa. Ojalá volviese. Iríamos “againmente”.

La obra La Boliviana comienza abruptamente con una señora que pronto demuestra su lenguaje y empaque de clase alta, esquematizada según los lugares comunes de cualquier telenovela, que irrumpe en una sala de manicuría (mitad del escenario, única escenografía) donde una manicura (la boliviana) debe atenderla. Mesa, silla y sillón, algodones, alicates, limas. Nada mas.

La boliviana tiene sus hijos en Bolivia. “Vivo en el Chaco Boliviano” dice y alguna vez tendremos que solucionar esto del Chaco Paraguayo, el Chaco Salteño, el Chaco Boliviano, ufa, el Chaco es una región y dentro de ella las colonizaciones y los gobiernos hicieron desastres. Aclaración: de nada de esto se habla en la obra. Retomamos. La boliviana dice que es natural del Chaco Boliviano que está aquí pero sus hijos allá. Perfil a plateas, vos apenas audible.,

Con el esquema anunciado la señora de clase alta denigra a la boliviana con mas lugares comunes ( hasta “bolita”) el público se ríe, la señora gorda de Landrú lentamente se involucra con los datos de la boliviana que le dice que ella, la”porteña”. no vive y la mujer de clase alta le confiesa, a la manicura, que su marido le pega, que bebe y le pega.

La obra es una serie de sesiones de manicuría y la lectura de dos cartas. En una la señora de clase alta abandona a su marido y en la otra (carta) la boliviana cuenta que se vuelve a Bolivia a vivir en el paisaje (dice que es hermoso) y junto a sus hijos.

Mensaje. No te dejes pegar por tu marido. Mensaje dos. Volvete a tu pago que vivirás mejor.

No tenían amplificación. La imaginación del cronista es importante. Mas importante sería que le enseñasen a los actores a vocalizar  y hablar como si fuesen actores que quieren que se oiga el texto. Sería algo para destacar, pero no sucede. No en este caso.

Tabaré arrancó, en seco, con “Tengo Miedo”, después saludó. Siguió con Gardeles varios y un set de Horacio Ferrer con poemas musicalizados por uruguayos. No hubo Ferrer/Piazzolla y eso debe elogiarse, con una guitarra sola no era para eso, pero me parece que Tabaré no es de esos.

Hubo temas propios con la mención al “negro Rada”, que difundió uno de ellos que anda en las redes y le ha dado dinero por autoría.

Apuntar en el verano 2018/19 con Gardel como eje de un espectáculo y con ese tono y ese cruce sobre la guitarra tan montevideano, tan murga, tan candombe, tan Alberto Castillo, es no tener miedo o, acaso, tener personalidad. Ni desafina ni se enloquece cantando. Hay que cantar en estos días:…” silencio en la noche, ya todo está en calma…” es tragedia de la guerra 1914/18. Un siglo para esa viejecita de canas muy blancas. Después sin respirar y sin soplarse sostener:”yo no quiero que nadie a mi me diga que de tu triste vida vos ya me has arrancao…” Es el desolado poema que dice: “mi corazón una mentira pide…” Es Gardel / Lepera.

Pocas palabras inútiles. Todo canción. Si no fuese que se entendería mal la definición de Tabaré Leyton diría que se trata de un cantor “a la parrilla”. Ma´si… lo digo. Ante tanto arabesco mentiroso la simpleza es una llave que invita a abrir la puerta para volver a escucharlo.

En cuanto a “La boliviana” mis averiguaciones dicen que no se fue a sus pagos, a su valle. Los lunes del verano elija alguna otra función en otro escenario que exija menos esfuerzo auditivo y mas compromiso con un teatro que quieren de protesta y resuelven como “facilongo”, casi de escuela de teatro, que no es teatro propiamente dicho. Si fuese anunciado como  teatro ”piquetero” me hubiese resultado mas fácil entender. Perdonar no. El futuro nunca será un piquete. Al menos en dramaturgia. Eso espero, aún en el verano.

Especial para El Litoral.