Hay muchas hormigas “monotributistas” y poca naftalina

Este verano en Mar del Plata aparecieron dos fenómenos. Uno por presencia, el otro por ausencia.

La ciudad turística tuvo/ tiene mas de 50 espectáculos de “Microteatro” y un solo espectáculo de Café Concert.

Si asimilásemos el teatro a la economía podría decirse que aparecieron “los Monotributistas”, se sostienen las Pymes (el teatro independiente de las producciones locales) y como los rebeldes de los ’60 son “burgueses aburguesados con la panza llena” que ya no sueñan con Épater le bourgeois o Épater les bourgeois no hay Café concert. Uno solo. Sus animadores no están y es mejor: Muchos son, hoy, un espanto.

Estos microteatros, en espacios reducidos y con el fastidio de la historia corta que no permite ni el tiempo para desempapelar un caramelo, parecería que necesitan la incomodidad y la velocidad como parte de su mensaje.

Hay desde desnudos frontales hasta sexo casi, casi, casi explícito y, por allá, las confesiones que suelen llamarse “stand up” y los cultores “Estandaperos”. En 10 minutos te cuento mi vida, si te ríes la estiro a 15.

No tienen una calificación mas allá de cómicos de la legua, de teatrillos ambulantes y Versos de Trova. Plantemos la bandera: formas del Siglo XXI para que el mensaje no se muera, de eso se trata. Que el mensaje sea tonto, agresivo, personal y directamente insultante es otra historia, por allí debe ir la sociedad. Deberíamos aceptarlo. Son las hormigas, que son muchas y organizadas. Invadieron Mar del Plata.

Queda en pie un solo café concert que se muerde la cola, cuenta cómo era el Café Concert en la década del 60 y comienzos del 70. Este año se presenta en la Villa Mores (el casco de la casa de Mariano Mores, cuyo parque fue vendido para un edificio con “arquitecto de marca” y la casa no puede ser demolida por considerarla un monumento histórico popular. Mariano Mores es uno de los mas grandes “melodistas” del tango, si no es el número uno allí está, es el primero en cualquier trilogía. Ignoro las razones para conservar su casa.

Microteatro es un formato flexible que permite crear historias de muy diversa índole y acercar al corajudo espectador a un mundo diferente: presentar un producto, transmitir valores de marca, lograr posicionamiento o llegar a nuevos públicos. Es curioso su desafío: contar una historia en 15 minutos

“Esta fórmula ha tenido buena aceptación, tal fue el boom que en julio pasado, vendieron 26 mil entradas”. La data es de Buenos Aires.  Parece exagerado, pero todo lo novedoso trae desconfianza.

En Buenos Aires el género cafe-concert floreció en la década de 1960 con espectáculos como «Help, Valentino», «Dejate de Historias» y «Cosaquiemos la Cosaquia» en sitios tan incómodos como los de algunos microteatreros y sus locales, tan parecidos. Excepción: La botica del Ángel de Eduardo Bergara Leumann sirvió para una generación de intérpretes como Carlos Perciavalle, Nacha Guevara, Edda Díaz, Susana Rinaldi, Enrique Pinti, Marikena Monti, Horacio Molina, Les Luthiers, que terminaron compartiendo cartel, espectadores y rubro con Niní Marshall, Cipe Lincovsky, Tita Merello o Jorge Luz. La botica del Angel fue, finalmente, un programa de tv. “Apocalípiticos e integrados ante la Cultura de Masas”. Umberto Eco se reiría.

La función no se detiene, el espectáculo debe continuar. El café concert que protagonizan en Mar del Plata este verano Verautis y Suero recopila, reivindica y, si bien tiene yerros cronológicos y definiciones aventuradas, el total que presentan es un catálogo de lo que fue, una proclama que resulta imprescindible en la eterna pelea contra el olvido, a la que este espectáculo enfrenta con éxito.

 

Wikipedia se mete en esta diferenciación con una pregunta: qué es el café concert y qué diferencia tiene con los Microteatros, los monotributistas del espectáculo. “Aunque según Legrand-Chabrier, el café-concert es la «síntesis de todos los espectáculos que no son teatro», los locales que pueden ser considerados como precedente suyo, eran espacios donde, en función del país y el público asistente, se ofrecían romanzas, cuplés o fragmentos de ópera; algunos estudiosos proponen que en su origen se trató de un café al aire libre donde pequeños grupos de artistas ejecutaban música popular. La música generalmente era alegre, a veces atrevida o subida de tono, aunque sin entrar en asuntos polémicos o políticos como en el cabaret. Muchos autores aceptan la amplitud semántica que el término café-concert comporta y la diversidad de los espectáculos que se reivindican o asocian a él, desde música y canto a pequeñas obras teatrales, pasando por comedia musical, danza y acrobacia. Todo ello entra en conflicto con otros términos, etiquetas y tipos de espectáculo mixto como el cabaret, el teatro de music hall o el vodevil”… y los Monotributistas del Espectáculo, a los que se hace imprescindible destacar. Todo es igual, nada es mejor…(Discépolo)

 

Hace tres años escribí: “En el otro extremo, condicionado por la casa y el lugar donde se realiza, el espectáculo de Veroutis re significa la ciudad. “El espectáculo teatral musical “Una noche en el café concert… en Mar del Plata”, creado y protagonizado por Alejandro Veroutis /…/ El sitio no es solemne, es directamente histórico, es especial y acomoda las cosas a su existencia. El piano y la distribución de las sillas dan, definitivamente, un aire de intimidad y espacios reducidos a esta propuesta. Lo que hace el promotor de espectáculos y jefe de prensa, en este caso actor, es contar según sus vivencias y su memoria, asumo que también algunas charlas con los protagonistas, contar, se insiste, su versión de un género que terminó denominándose “Café concert”.

Agregaba entonces: “Café-concert, café-chantant o caf’conc es un galicismo utilizado para hacer referencia a un establecimiento que es, a la vez, una sala de conciertos y un café.” En Argentina fue, según quienes somos sus contemporáneos, un escape, una puerta, un sitio para crecer en conocimiento de un lenguaje: el de la fantasía que da el espectáculo. En este caso es el eje del relato de Veroutis que bien podría inscribirse como una maravillada charla de café, un “te acordas”.

Ahora escribamos sobre el eje de tal espectáculo. Ya lo narré. No vino o no llegó o no pudo aparecer su guitarrista original. Buscó un modo de hacer el espectáculo con alguien de Mar del Plata. Hija de una artista plástica y de un arquitecto, con menos de 30 años de vida el espectáculo encontró “la muleta” que hacía falta para caminar.

El fenómeno es este: es esa “muleta” la que define dos cosas. Hay una obra de teatro de café concert, sobre el café concert, por su actuación”. Agrego hoy: No se puede concebir esta obra sin su papel que, de revelación, pasa a protagónico.

“Además este plus: una artista de muchísima calidad y el reservorio que oferta Mar del Plata/…/  así Camila Suero debe convencernos que no había hecho esto: tocar, cantar, bailar, descollar hasta convertir en un eje de la ciudad ese “te acordás” que proponía Veroutis, casi como una amable y compartida charla de café/…/Tal vez la mas importante sorpresa del verano sea Camila Suero/…/ La Camila, que obliga a preguntar:¿Dónde estaba esta chica?

Escribí dichos elogios y podría colgarme una medalla. Sigue siendo el eje de un espectáculo muy direccionado, es una mirada personal, según su sitio de observación, sobre un hecho inapelable. El Café Concert.

En la temporada 2021/22 esta artista es, además, la pianista y directora musical de “Casi Normales” siendo, por esta actuación, la primera mujer en hacerlo. En sus mas de 10 años de presentaciones continuadas en Argentina y en el mundo la obra, multipremiada, nunca había tenido una directora musical mujer. Es una medalla para exhibir.

La temporada va tomando su perfil definitivo. Monotributistas, Pymes y la bella naftalina de un “te acordás” que se puede recomendar sin tener que pedir disculpas después..