En setiembre se pudrió todo

Este setiembre 2020 nos abandona dejándonos sin la sábana y en mitad de la tempestad.

Ya no hay modo de diferenciar –  ficticia y fingida tarea de algunos analistas – a CFK de Alberto Ángel Fernández, el porteño. Aprender que un binomio presidencial es eso les ha costado bastante. Moraleja uno. No analices según tus sueños y/o pesadillas. Analiza mirando los hechos. Moraleja dos. Después, si lo consigues, cobra lo más caro que puedas la exageración o el olvido.

Ya no hay modo de ocultar que, si la justificación de la cuarentena del 2020, en marzo, era para prepararnos, nos preparamos mal. No hay contrafactismo posible. Los números, seis meses después, no son números alegres ni de enfermos ni de muertos. Se agrega: las zonas pobres siguen siendo más pobres. Faltan camas y enfermeros. ¿Qué prepararon?

Ya no hay modo de ocultar que la economía no es buena y será peor. El diputado chupateta, el ministro “sarasa”, las ganas de participar en una telenovela que tiene la tercera generación de Cafiero’s no le quitan al eje. Ginés González García remite a Marx. La primera vez como tragedia… la segunda como comedia. Hoy es un dibujito. Disimulemos, no hay plata ni la habrá, ni crecimiento industrial, menos, mucho menos equilibrio social. Seremos lo que somos, una republiqueta sojera con muuuuuchos pobres (Señor editor, deje la exageración en la vocal)

Ya no hay modo de sostener que en la doctrina “amigo – enemigo” de Carl Schmitt y sus derivados el juego con Larreta / Macri redefine la gestión política a este punto: fabriquemos un enemigo para poder jugar. Son tan asesinos como los pibes, metieron hasta la Peste en la competencia. Igualar hacia abajo con sueldos y porcentajes no es igualar, es degollar.

Ya no existe justificación alguna para el deterioro en los equilibrios provinciales. Hay una montaña que todos vemos. Una súper provincia donde Kicillof no sabe como manejar sus aspiraciones (ejem, todas sus aspiraciones) ante las fotos de los intendentes, los ladrones, los legisladores fuera de servicio y la seguridad que no hay muchos muertos porque la droga está bien repartida y mejor administrada. El hambre no. Kicillof tal vez sea la contracara de la Peste de la meritocracia y no lo quieren no tanto por sus lecturas y adhesiones al marxismo como por la simple razón de haber leído mucho. La Super Provincia es el gran bastión a tomar… o pactar. Hay montañitas, pequeños cerros como Córdoba y Santa Fe que producen “commodities”, por donde disimulan la pobreza y el robo – descarado – de Alberto Ángel, el porteño. Este año menos áreas sembradas y menos vacas embarazadas. Hay zanjones donde el sistema feudal impera. Gildo Insfram es eso. Alperovich, denunciado pero nunca condenado es eso: el derecho de pernada aún existe en Argentina. Redefinido como Distrito Único y Economía Central en el 1994  los Constituyentes quitaron el Colegio Electoral, pagaron con el Tercer Senador y se “olvidaron” de reglamentar  el Régimen de Coparticipación Federal. Así terminaron de reventar un país. Alberto Ángel Fernández, como antes todos los gobernantes desde aquella fecha hasta hoy… y mañana, saben que Argentina es, desde 1994, ATN dependiente. Y listo. No hay vacuna contra esto. El inventor fue el más malvado de todos: Eduardo Duhalde. Alfonsín aceptó y Menem bailaba en algún lugar, con la doctrina árabe, oriental y milenaria del poder omnímodo. Algo de razón tenía, convengamos en eso.

Ya es imposible ocultar el doble juego al que estamos sometidos. CFK, como Carrió, no participan del COVID19. Podrían y deberían. Los peronistas de CABA no participan. La Heidi Vidal en provincia tampoco. Lifschitz en Rosario. Negri / Mestre en Córdoba lo mismo. Si hay una guerra hay un comité de crisis. Y un enemigo común. ¿Porque no juegan el juego que estamos jugando? Obvio: hay otro juego.

Llegó la Peste y trajo la orden. Quitaron la sábana, estamos desnudos y a los gritos en mitad de la Pandemia, en manos de un abogado litigante que se contradice porque creo que no se da cuenta que no está litigando. Gobernar no es pelearse. Alberto Ángel Fernández, el que vivía en la casa de “Pepe” Albistur con  un perro (cheeee, nos comemos cada sapo….) no sabe gobernar. Sospecho seriamente de los que están callados y no combaten al COVID19. Algo saben. Saben que los muertos vendrán de cualquier modo, que no podemos hacer nada y saben, vistas las cosas en estos días originales de la primavera en este Hemisferio (tiene Idus este mes) que en setiembre se putrefactaba todo. Con nosotros dentro, claro está.

Ya es tarde para ocultar. Este siglo, el Siglo XXI, en lo que verdaderamente define, en la cultura , los rasgos y hábitos culturales es otra cosa. Los Fernández son tan Siglo XX que terminan siendo previsibles, previsibles y trágicos. Alguien debería avisarles: se pudrió todo.