En Rosario aparecieron dos caminos

Hay en “Rosagasario” dos caminos electorales. Uno conduce a Buenos Aires, el otro a Santa Fe.

Aclaremos, la ciudad ya está en campaña. Todos sabemos que febrero está cerca. Tanto los periodistas -del color y tamaño que se quiera- como los actores políticos directos, también del pelaje y el peso específico que se desee. En febrero, algunas alianzas ya estarán consolidadas y varios nombres resueltos.

A Buenos Aires viajan para las fotos (la dependencia rosarigasina con los medios televisivos porteños es enfermiza) como para los escritorios donde se conversan listas, dineros y encuestas.

El PRO Cambiemos tiene un par de líneas directas con Balcarce 50. Marcos Peña visitaba Rosario con asiduidad y tiene informantes discretos, serios y no políticos activos. Emilio Monzó, el compañero Monzó, atiende teléfonos de estos pagos y Rogelio Frigerio entiende de políticas regionales como pocos; digamos mejor: como ningún otro dentro de esa burbuja que es el entorno de “el Mauri” que, eso está claro, tiene una cosmovisión tan particular que acaso olvide, “trastroque”, omita o interfiera, sin saberlo, con los amores y odios de su gente.

Un enigma en el PRO Cambiemos es la expresión pública de “el Lole”. No está retirado. Conoce, ejerce, lee. Sobre el 15 de septiembre les dijo a sus allegados que el dólar entre 38 y 44 estaría bien. No era magia, era información clasificada. Como siempre, sigue atento a hectáreas, sembradas, el rinde y cotización del kilo vivo. Agro y ganadería. Ejes eternos del país, ejes absolutos en la provincia. Desvelo en el sur. Un aval del Lole fue/es/será importante. Tanto como la furia Carrió, que no quiere a Corral, denuncia a los Rossi y amenaza a Bonfatti. Por ahora.

Un sector del peronismo viaja a encontrarse con Agustín Rossi, que mantiene su mirada de actor político nacional, que no será candidato provincial en 2019 pero que, es evidente, sigue teniendo sus relaciones en la región sur y en el resto de la provincia.

En el socialismo, que intenta no dispersarse, su figura más prominente, el señor gobernador, viaja a los medios, viaja a las reuniones, acepta fotos. Viaja y viaja. Resulta, para sus conmilitones, más fácil un encuentro fugaz en Casa Gris o cercanías que en su domicilio rosarigasino. Además del mencionado, Roberto Miguel Lifschitz, el otro nombre del socialismo, Antonio Bonfatti, es sabido que sopesa con quien del norte, centro norte o similar, termina por resolver su fórmula para la interna de 2019. Que viaje a Santa Fe por cuestiones legislativas es un hábito. Mudó su domicilio sin moverse de su barrio (Alberdi) pero en la nueva casa estará muy poco tiempo, al menos hasta fines del año que viene. Lifschitz a Baires, Bonfatti a Santa Fe. Magia; no se cruzan en la ruta.

“Los muchachos…”

El viaje de los peronistas a encontrarse con Omar Perotti es raro. Es posible en cualquier cruce de caminos. Recorre la provincia sin fatiga, esto es, se trata de un infatigable que sigue entendiendo el territorio y el cara a cara como indispensable antes de los acuerdos territoriales. Ya todo el peronismo sabe que los nombres de sus aliados directos en las listas no aparecerá antes de diciembre y parece lógico.

La intendente Fein, acorralada por dos faltantes: Estacionamiento Medido y Transporte Urbano de Pasajeros (TUP), concesiones atrasadas, demoradas, aparentemente muy mal resueltas, según denuncias de los concejales que no ha rebatido. Recibe dineros provinciales para obras públicas que vienen muy bien a la ciudad, viaja a quejarse a Buenos Aires, como se le pedía durante el reinado de la princesita CFK y su corte y que ahora, por fin, realiza. Todos acompañan estas quejas. Subsidios es el eje. Rosario tiene malos índices de “casi” todo, y rareza o muñeca. Ninguno de su partido mide más que la Fein, que no mide mucho, pero los posibles reemplazantes miden menos.

El futuro que nos alcanzó

La ciudad, sin embargo, en la semana que pasó dejó dos hechos que cambiarán el rostro político a la región.

El primero, la cuestión de género. El Concejo se autorreferenció. Una ordenanza aprobada por unanimidad decide que las listas sean alternadas. Uno y una. Según los constitucionalistas de trocha angosta el hueco que existe en la constitución provincial lo habilita. Según otros, también de trocha angosta, es una clara transgresión inconstitucional pero, ay, pero… ¿Quién se opone, en el siglo XXI, segunda década, a una reivindicación de género? Nadie. El tema cambiará la ciudad. Cuidado: Lifschitz dice uno y una y todos jóvenes en mi lista. Cuidado.

El otro es una cadena de acontecimientos que se ha desatado. Rodolfo Di Pollina presidente. Una Comisión Directiva en Rosario Central, acusada de “muy” socialista tiene otro destino (aclaremos Víctor Vesco y “Tito” Rodenas eran dirigentes peronistas, Horacio Usandizaga dirigente radical, la pertenencia política nunca molestó a “los canallas”), el destino que se le asigna es resignificar, con dirigentes siglo XXI, los clubes de la ciudad. Ñul deberá hacerlo, acuciado por balances cuestionados y deudas inmensas. Que Ñul acepte jóvenes está en los planes más cercanos y definirá este punto: una intendencia, la que se vota en 2019, en la que los “40” o Sub 40 serán candidatos y decidirán el perfil de la región por los próximos 20 años. Es importante. Sucede.

Anónimos conocidos

La izquierda, atormentada por los celos personalistas y las angustias principistas, no tiene dónde viajar y debería reunirse, pero es un clásico argentino que en Rosario se reproduce. Dividirse es vivir, eso suponen. No viajan a ningún lado porque no hay jefes nacionales. Tampoco los soportarían.

El “678” rosarigasino lee encuestas nacionales que pasan por la ciudad y definen su entusiasmo. Macri 30/32. CFK 25/28 y una ancha franja donde cualquiera puede “colar”. Sonríen los socialistas. Cantan a Fito Páez: “… quién dijo que todo está perdido…”. Se desesperan los radicales porque un hecho mágico (Nicky Cantard) no sucederá dos veces y hay que laburar con la chequera, con la cara y el índice de conocimiento y eso lleva a otro problema. Cara, chequera y conocimiento tienen muy pocos. Lifschitz. Perotti. Corral. Bonfatti. Fein. Rossi. Boasso. Rubeo. Vucasovich. Ciciliani. Pullaro. Roy López Molina. Anita Martínez. Giustiniani. Contigiani. Y poco más. Hay quienes aconsejan, a un dolorido militante católico, con durísima tragedia familiar, que se meta en la política. El dolor no da conocimiento y el catolicismo es una fe respetable. No alcanza. La acción política tiene otros caminos.

Publicado en el diario “El Litoral”