El miedo a la democracia

Las inscripciones de listas partidarias para las PASO de abril, para consagrar candidatos a las elecciones del 16 de junio en la provincia de Santa Fe, trajeron definiciones tanto de actores políticos de primer grado (los que detentan y aspiran a cargos) como de los actores políticos de segundo grado, los periodistas. También dijeron lo suyo otros actores sociales de diferentes rubros (médicos, cómicos, etc)

El eje de las quejas y críticas es sobre el número de listas, superior a las 700 según informes extraoficiales. Se quejaban y criticaban la cantidad. Es mi deseo que sean 1400 la próxima vez. Mientras mas gente dispuesta a participar tanto mas se podrá insistir que la democracia (el gobierno del pueblo) tiene cada vez mas interesados en participar y esto de ningún modo puede considerarse nocivo, malo, pecaminoso o reprochable.

Hay un argumento, por demás falaz, referido a que el sueldo los guía. El “ad honorem” no es una característica de las democracias modernas, como no lo es el de la salud con profesionales sin paga, mecánicos sin factura y maestros sin sueldo.

Podría insistirse, en la crítica (y contarían con mi apoyo) podría insistirse con la crítica sobre la rémora en la sanción y reglamentación de la Ley de financiamiento de los Partidos Políticos. Algo mas amplio, saludable, seguro, que nos pone en el siglo XXI y cercana a las democracias modernas. El financiamiento, como su nombre lo indica no significa gratuidad, significa transparencia.

En la provincia la representación distrital es otro trema. La actual composición de la Cámara de Diputados, como la que viene, puede afirmarse que será con una mayoría de rosarigasinos y santafesinos de la Capital. Está bien. El 54  % directo de los votos viene de esos dos departamentos. La cámara de senadores, con departamentos como los que representan Gramajo y Michlig, ejemplifican el otro equilibrio. Poquísimos votantes reales. Importante poder, también real. Eso es la Cámara de Senadores.

Otra de las quejas de algunos colegas, tan mal informados como prejuiciosos (y los prejuicios son hermanos de leche de la desinformación) refiere a las muchas elecciones. Desearía elecciones todos los años. El valor del voto sigue siendo inapelable.

Una lectura temprana de Alexis de Tocqueville me dejó dos puntos importantes (según entendí, con aquella vehemencia juvenil por la lectura) la primera que vaticinaba que Estados Unidos sería un gran país porque votar al juez, al comisario y al jefe de bomberos mediante eso, el voto popular, dejaba poco margen al prevaricato, la mentira y la perpetuidad. Tocqueville sostenía el valor del voto junto con la capacidad de la remoción por mal desempeño. Tan sencillo. Tan difícil. Un aristócrata francés en el salvaje oeste.

El otro elemento, también juvenil, me sostiene desde entonces. Salud, Seguridad y Educación  debe proveerlas de modo igualitario el estado. De no hacerlo entra en pecado mortal.

Toda vez que escucho que abominan de las elecciones y su abundancia y hacen referencia al costo entiendo que atacan la libertad y la calidad de la democracia, pureza y transparencia que la certifica el ejercicio permanente del voto. Claro que adhiero a Bobio y aquello de no desentenderse después del voto. Bobio también menciona la remoción como el sostén para la calidad del voto y su continuidad en la vigilancia del delegado, del que ejerce eso: el poder delegado.

Es muy obvio que, mientras menos libertad mas esclavitud y menor calidad del voto. Mas que obvio que, a menor cantidad de conocimiento menor libertad de pensamiento y, finalmente, menor calidad del voto.

Soy un guerrero a favor de las elecciones obligatorias en países con tantos planes de miseria y dependencia. Siendo obligatorias algo se puede cambiar.

Soy un soldado  que presenta batalla a quienes critican las elecciones y califican como gasto su costo. No son del campo de los buenos los que entienden el dinero de las elecciones como un gasto.

Soy un optimista y esperanzado defensor de las elecciones divididas.

Soy una opinión inatajable a favor de un solo mandato de los gobernantes; alternados si, consecutivos nunca. La democracia mete miedo a quienes, casualidad del tema, solo pueden gobernar con su disminución  y/o con su ausencia.

Publicado en el Litoral el 04 de Marzo.