El alazán de Yupanqui y los políticos argentinos

Una buena charla, por lo extensa y amable (nos conocemos desde nuestras luchas estudiantiles que incluye aquella primera de nuestra generación, la de “Libre o Laica”, que liberó a los colegios confesionales a sus planes y sus ganas e hizo retroceder la fenomenal “Ley 1420”, acaso la base de tanta buena madera en la sociedad argentina: la educación laica, gratuita y obligatoria) una extensa charla con Luis Alberto Cáceres, el que fuera Secretario General del Partido Radical (UCR) cuando Raúl Alfonsín era el titular del partido y, por asumir la presidencia nacional (1983) se fue de un partido que se confunde por los diferentes recuerdos de aquellos, los jóvenes de “La Coordinadora”.

Asombran las re escrituras de la contemporaneidad. Coordinadora donde su presencia fue central, pese a que los porteños ubican otros nombres y omiten a “El Changui” derivó, la charla, por los recuerdos de tantos fracasos socio políticos generacionales y volvió a dos puntos: Macri avisó que gobernaba con los del PRO y dejó fuera el radicalismo. Es su reproche a “Gualeguaychú”, obvia referencia al acuerdo del radicalismo con el PRO. Después negó el bipartidismo. No es tiempo de “bipartidismo” sino de “bifrentismo”… si se logra. Y su límite es la corrupción y los corruptos.

La actualidad que no se cierra, el fervor que no se jubila. Recorre el país buscando “Concidencias” y ése es el nombre de los que quieren agruparse dentro del nucleamiento que “El Changui”, tan militante como antes, procura para el radicalismo en el país, nuestro país que sueña más parlamentario mientras se confiesa republicano, demócrata y optimista… dentro de la memoria de tanto y tanto tiempo recorrido que insiste en calificar con otros términos, más  drásticos y pesimistas, para definir nuestros años… Todo político optimista en Argentina es un oxímoron que camina y camina.

En sendas apariciones, la primera de ellas en Santa Fe, en la puesta en cargo de la actual Decana de Derecho de la UNL, la Doctora Levin, la aparición de Enrique “Coti” Nosiglia en público y para las fotos no pasó desapercibida. A la semana síguete un reportaje televisivo extendido (más  de 30 minutos) lo expuso con un articulista y conductor de programa que no preguntó por aquella Convención de Gualeguaychú y si por Macri. Repitió conceptos de “El Changui”, con otras palabras. “Macri creyó que podía gobernar solo y se equivocó”. El textual no es absoluto, el concepto si.

Puesto a mencionar a quienes podrían representar al “nuevo radicalismo” Nosiglia enumeró a Lousteau, Manes, Tetaz y Losada.

Es interesante la parábola de Lousteau a quien le perdonan (u olvidan santamente) su salto con red de aquella 125 kirchnerista que es similar, por el olvido necesario, a la incomodidad de entrevistar a Moreau – en caso de no olvidar su pasado – y recordar aquel Leopoldo Moreau del encendido discurso radical en la cancha de Boca y su candidatura sobre el cambio de siglo. Los garrochistas sean unidos, pues esa es la ley primera…

Los otros mencionados por Nosiglia en este marzo del 2022 no tenían existencia partidaria firme, ni cargo electivo conquistado, antes del final del 2021 y se puede confirmar que sus trabajos estaban dirigidos en una dirección diferente hasta esa fecha. La confirmación va de la mano con la ventaja de “Grado de Conocimiento” con el que arrancaron su destino político partidario. No fue un argumento liviano para que se los nominase.

Podría, en tren de flacas memorias, preguntar por “Pajarito” Grabois, José Luis Manzano, Caito Cevallo, el “gallego” De la Sota, Carlos Grosso. La Jotapé, el FEN y la Cafieradora. Pero es otro partido, otro movimiento aunque si, si, la misma historia en el mismo país.

En estos mismos días el presidente incorporó el tema de su perro y quien lo cuida y quien lo paga. De las mujeres en el Gabinete con sus dichos extemporáneos y el porcentual magro, de adhesiones ante su confesión pública del incompatible desprecio con el FMI (dijo somos muchos, no hay encuesta ni constancia, hay percepción de militantes de izquierda que si, que apostrofan del FMI. Rara cuestión en AF). No omitió la ilusión de su segundo mandato y de la “Compañera” Gómez Alcorta y su interesantísima teoría sobre la sociedad, el mandato social y el condicionamiento que provoca llegando al punto de analizar diferente a seis adultos jóvenes violando a una muchacha. AF adhiere a los dichos de su funcionaria o su palabra sería la contraria. El silencio otorgó vía libre a la señora Gómez Alcorta, ministra. Hasta las violaciones en patota son diferentes.  Rara situación.

El título que se reproduce, este si, textual, pone en marcha otro mecanismo de análisis: “Una multitud de mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales y personas no binarias sacaron a las calles el reclamo contra las desigualdades y violencias”. Pertenece a La Capital de Rosario. El comienzo del artículo refiere al mar: “La marea del 8M”.

Nos quedan la guerra, invasión territorial mediante, de Rusia a Ucrania, con la descarada copia de los actos de heroísmo personal que vistieron de narración literaria la Segunda Guerra Mundial siendo que era otra, muy otra cosa. Hay una frase del primer Gobernador de la Democracia en Santa Fe, José María Vernet. “Espero que sea la última Guerra del Petróleo”. Se agregan los costos de la energía. Sufriremos la guerra. Toda guerra es por poder, por mando, por economía. No hay guerras buenas, como no hay terrorismo bueno ni ladrones honestos.

Tengo dicho, repito, insisto: es en los poemas, en las canciones donde se encuentra la verdadera historia de cada lugar. En eso y en el tratamiento de su paisaje.

Atahualpa Yupanqui, nombre artístico de Héctor Roberto Chavero Aramburu, fue un cantautor, guitarrista, poeta y escritor argentino. Es ampliamente considerado como el músico argentino más importante de la historia del folklore. Wikipedia. Nacimiento: 31 de enero de 1908, Juan A. de la Peña, Pergamino. Fallecimiento: 23 de mayo de 1992, Nimes, Francia. Enterrado en “Cerro Colorado” En el 1944 graba “El arriero” donde se encuentran dos octosílabos que definen la pasión argentina por la flagelación, la resignación, el masoquismo y la canción de protesta. Todo en dos versos: “Las penas son de nosotros / las vaquitas son ajenas” ¿Qué mas?1944. No lo difundían mucho. Estuvo algunos años prohibida su reproducción en las radioemisoras. Demasiado explícito.

 

Hay una constancia de narrador en Atahualpa, el bonaerenseenamorado del paisaje de los cerros tucumanos, con seudónimo en lengua nativa (La traducción de su nombre completo sería: Ata: venir; Hu: de lejos; Allpa: tierra; Yupanqui: decir, contar. Con lo cual su nombre significa: el que vino de lejanas tierras a contar).

“Don Ata” nos cuenta como somos. De Pergamino (y una hermosa vida de nostalgias en París, vistiendo de categoría al comunismo vernáculo) viene el hombre. Es, por tales razones, nuestro poeta mayor. Con gusto armaría una moneda de tres caras con Perón, Borges y Atahualpa. Quedaría poco país fuera. Con sus nombres se define un siglo y esto, sus estribaciones, que recorremos en picada. No hay moneda de tres caras. Debería.

De sus temas tengo seducción inatajable por muchos, en cambio otros poemas de su autoría se cuentan solos para la oreja más descuidada y dejan eso: el horizonte abierto para retomarlos.

Toda vez que escucho su reflexión dedicada a un caballo amigo, que lo acompañó tanto y tanto. no dejo de pensar en lo que somos. En ésa clarísima evocación al caballo (repito: como a un amigo) y el destino que afronta: “¿Qué oscuro lazo de nieve te pialó junto al barranco? ¿Cómo fue que no lo viste, qué estrella andabas buscando?… Cómo no ver el barranco. El se escapa, el caballo va al fondo.

Los analistas que observan a CFK, a AF, a “La Opo”, donde el radicalismo reaparece con nombres que vienen del fragor mediático el tema de Don Ata, del año 1954, reaparece y canto su estribillo. No era esperanza la de Yupanqui, contaba una muerte y el reproche, propio de los analistas, tan acostumbrados al afuera de las tragedias:¿”Cómo fue que no lo viste”? Los históricos no se hacen cargo. Los jóvenes no encuentran razón de llevar tanta mochila que, como sostiene el poema, quedará pialada junto al barranco. Se irá al fondo.