Charlie y el “Yeneral” (para salvar Argentina)

He dicho, hasta el enojo, que el periodista no es un trabajador de prensa, esa subalternización grosera no alcanza, desmerece. El periodista transforma, por el solo hecho de narrar, testimoniar, desfigurar, traducir (traditore, traidore) es diferente del trabajador que hace llantas. No jodan. Lo es.

Entre mujeres celosas y engañadas y periodistas avezados (¿?) el país está encontrando su verdadera índole: la corrupción estructural. A ellos se debe esta excepcional realidad.

Hay otra diferencia, la que aparece entre el intelectual orgánico, al que refiere Gramsci,  y la del periodista orgánico, locutor orgánico y publicista orgánico es la que baja y achata de la teoría de uno de los pensadores fundamentales del siglo XX  (Gramsci) a lo que oferta la actualidad. Hay, en Argentina, muestras eficaces de lo dicho. Visibles.

La broma que los canillitas son periodistas no es exagerada, no es broma. La cadena distribuye y sin distribución no hay milagro. Es el juego del distribuidor, del último eslabón de una cadena comercial. Sin la cadena comercial el juego no tiene sentido. Alguien paga al periodismo, a las herramientas, al soporte. Ahora el soporte está en las redes. Los canillitas, como los dinosaurios: tienden a desaparecer. Es otra la “conjugancia”

Electricidad, papel, cámaras, estudios, residencia, máquinas, satélites, patentes. Suponer que el periodismo es gratuito o que puede ejercerse sin costo es una malversación de la vida, de la realidad inatajable. Un gran error de los teóricos de la comunicación; no hay paraíso y en la tierra las cosas tienen valor y debe entenderse así. Alguien paga. Siempre.

El que no estudia (lee) es un burro. Periodista burro. Todas las escuelas son positivas en tanto y en cuanto los profesores exijan y los estudiantes cumplan un presupuesto básico. Mayor bagaje teórico trae mejor respuesta práctica. Algunos han tomado una decisión de vida y no han entendido que la tomaron. El periodismo es una decisión vital. Como el comercio.

Es el periodismo el que relata la constante del almanaque. Una de las mejores definiciones de los años de plomo  le corresponde al privilegiado lector del país: Carlos García Moreno. “Quien sabe Alicia este país no estuvo hecho porque si…”

No es el lirismo clase media de Ceratti, ni el desparpajo del surrealismo suburbano de Spineta y menos, mucho menos el sadomasoquismo de Luca o el hermetismo de secta del Indio Solari, Charlie es mas profundo, es lo que se corresponde con la genética. “Se acabó ese juego que te hacía feliz”. También lo peor:”¿dónde mas vas a ir?” Es la continuidad de Discépolo. Charlie García avanza sobre la sociedad, no sobre la individualidad. Y su mensaje es sombrío. No da salida. Solo excepcionales modos de acompañar el pesimismo. CFK es sorda, intelectualmente hablando, y el Mauri un sordo que escucha a Freddie Mercury.

Al rosarigasino Alberto Olmedo la clase media y media alta porteña, como los críticos de su época, lo denigraron. Después resultó ser el que mejor rompió (en televisión y sin textos) la maldita “Cuarta Pared”. No era del agrado ni del modo al uso y la costumbre. Sin embargo uno de sus personajes está hoy, en los últimos años antes del 2020, cuando la Nueva Era Industrial será avistada por todos, como uno de los personajes que está indicando lo que somos.

El “Yeneral” González era el tirano de un país de morondanga, un universo mas sombrío y bizarro que el miniplaneta de El Principito”. Se burlaba de los militares, de los planes, de la burocracia, del orden y de la normalidad. Es Olmedo el que define la Republiqueta Sojera que, en estos días, espera las lluvias, la buena cosecha de trigo (Como antes, como ayer, como siempre, como mañana, como ofertaba el contratista Aarón Castellanos y sostenía el General Roca) y después las toneladas y toneladas de porotos de soja para vender y equilibrar un país que no tiene mucho mas, porque el resto es cuota Hillton para la media vaca.

En el país del Yéneral González, copiando una idea de un filme de Peter Sellers (Rugido de Raton/ The Mouse That Roared) Olmedo decide que deben declararle la guerra un país,  que este los invada, gane la guerra y los mantenga. Hugo Sofovich no tenía pudores pueriles. Era y es una buena idea.

Hacen rotar el globo terráqueo y el “Yéneral” pone el dedo. Sale Bolivia y lo desechan, “es  mas pobre que nosotros”. Gira nuevamente el globo y el dedo se detiene en Argentina. Olmedo se niega. Los conozco, mi mujer es Argentina, nos van a mentir, a manguear, nos van a cambiar el idioma, se enoja. Gira por tercera vez el globo terráqueo y se detiene en Japón. Discuten sobre horarios, las pilas, los juguetitos electrónicos pero son felices. El país de Olmedo, “Costa Pobre”, será finalmente feliz. Perderán la guerra contra Japón. Macri, Carrió o Duran Barba. Alguien se ha inspirado en este personaje.

Al país, se insiste, lo está documentando (y dando el clímax) el periodismo. No encuentro, todavía, mejor definición del oficio. La anécdota sobre Roberto Arlt define posiciones. Aporreaba las teclas de la  Underwood en los altos, en la redacción de Crítica, y un cadete que traía un correo le preguntó: …”señor, ¿Usted es periodista?…” su  respuesta incluye la actualidad:…”no pibe, soy pianista en un quilombo…” Una anécdota no necesita ser real, necesita cierta belleza. De eso se trata.

La velocidad creciente de la capacidad de las herramientas suele confundir a quienes definen periodismo. Cada vez mas y mejores armas. Cuidado. Se suele definir según las herramientas. Se dirá que el mejor soldado es el que tiene mejores armas. El asunto es comparar soldados de la Edad Media con esta y concluir: sólo son soldados. Siempre serán soldados.

El tema de las herramientas trae otra confusión. Las armas en manos de cualquiera suele confundir a los  que se engañan, creyéndose soldados. Las herramientas, las armas, no fabrican soldados, aceptan atrevidos y sus mensajes no son noticias, son molestias. Punto. Arranquemos de nuevo. Ha cambiado el concepto de periodismo. No tanto. Revisemos. Tenemos casi todo. Traigan el piano. Piano de cola. Cola grande. Como debe ser. Escuchando (viendo) a los actores políticos es sencillo entender la universalidad de un héroe: Olmedo ha hecho escuela.