Arana, Cáceres, el pan y los dientes

En esta temporada 2023/24 en Mar del Plata, con mas de 300 obras anotadas para participar, buscando un reconocimiento en los Premios Estrella de Mar, que otorga el EMTUR (Ente Municipal de Turismo) ocasionalmente junto con Cultura Municipal, ocurrieron varios fenómenos. En este caso el tema es uno: cómo dejar de lado la belleza corporal y crecer.

No se si queda claro. Insistiré: personalidades del ambiente artístico que tienen, como uno de sus componentes para la profesión (artistas profesionales) la atracción física que despiertan.

No debe ser fácil convivir con una llave maestra que abre puertas en cualquier trámite y que pone luces altas en cualquier conversación, diálogo, controversia o atracción. La comida, el pan y los dientes y lo que aparentemente hace Dios. No es así, pero….

Es Borges (como en tantas ocasiones) quien presta su sabiduría, su Universo (¿alguien duda que Borges tenía un universo con flora, fauna y nosotros dentro?) y hay que usarlo: “el tigre no sabe que es un tigre…”

Tal vez cada actor, cada actriz, cada persona que se define por lo básico: “quiero contar historias desde mi, pero no siendo yo sino la piel y el alma de otro que hablará, bailará, será dentro mío lo que era…o lo que es y, por un tiempo de magia, yo no seré yo…aunque resulte difícil porque siempre estaré (yo) dentro de eso que estoy creando en cada entrada al escenario”… y tal vez ése básico del actor que interpreta y re interpreta, que un destrabalenguas no explica y, lamentablemente, simplifica lo que no tiene simplicidades ni facilidades, es la crueldad del día a día cuando se baja del escenario. Se fue la piel del otro.

Es tan importante el actor que no pierde humanidad y cuando se apagan las luces baja del escenario, fuma y toma un café, o cocina un guiso con su familia y sus amigos que uno advierte, porque con los años se advierte, que hay una barrera: el que hizo palotes en el teatro de a poco tiene una vacuna contra las vanidades y el propio ombligo como horizonte. De a poco, pero se nota. Saben vivir sin el aplauso.

El escenario, cuando baja a la calle, trae un problema: el vértigo. El lindo. El bello. El atractivo. El que, por un imán que nadie explica, tiene fácil el “buenos días”, la sonrisa y el “que desea”… y puede desear casi, casi, casi cualquier cosa)

La atracción existe y tiene explicación, pero no explica nada. Lucaks sostiene ”el criterio estético lo determina la clase dominante” y avanza sobre las pechos y mejillas de las posaderas de Rubbens y los cuellos de los cuadros de Modigliani. Agreguemos el vaquero ajustado, la piel tostada, elija…

A los bifes… a los bifes… En Mar del Plata sucedió, puede ser en otros sitios, describo lo que vi, que los alaridos y suspiros – previos a la obra – no tenían nada que ver con lo que sucedía en el escenario.

En un caso de los dos que menciono, hace poco que Cáceres, Luciano Cáceres, actor, oferta un trabajo unipersonal que, en las presentaciones, se oferta así: “Muerde es una obra protagonizada por Luciano Cáceres, con dramaturgia y dirección de Francisco Lumerman, que atraviesa, en el espacio cerrado de una carpintería de ataúdes, la historia de un niño abandonado por su familia llamado René”. Lo que sucede en el escenario como corresponde: no se puede contar, es inenarrable, indescriptible. Vaya y vea.

De ahí en adelante los espectadores que van a encontrarse con un galán que, inevitablemente, durante todo el verano lleva una carga de suspiros con una obra… veraniega (El Beso) encuentran lo dicho: “quiero contar historias desde mi, pero no siendo yo sino la piel y el alma de otro que hablará, bailará, será dentro mío lo que era…o lo que es y, por un tiempo de magia, yo no seré yo…aunque resulte difícil porque siempre estaré (yo) dentro de eso que estoy creando en cada entrada al escenario”…

Lo tremendo es que aún en los que llegaron enamorados de su planta, de sus ojos o de va-ya-a-sa-ber-qué … terminan sobrecogidos por esa carnadura. Es el teatro y chau. Nadie sale igual después de entender un mensaje.

Cuando le pregunto a Cáceres me cuenta que empezó de recontra jovencito acomodando espectadores y que Alcón, que se lo menciono, era el que actuaba . Deseo detenerme: Alcón en Los Caminos de Federico, como en Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, Alterio recitando a León Felipe, ponen un  ritmo al texto, y algo de eso hay en Cáceres y “Muerde”. Eso no tiene precio ni modo de acomodarlo a una narración. Debe oírse. Verse también.

Sobre su piel de Galán Lautaro Cáceres acota: ser el malo te permite tener una actuación diferenciada con mas matices que el Galán Bueno, que solo sufre y después triunfa… (es su modo de disculparse por tanta fotografía y tanta sonrisa de quienes lo esperan a la salida del teatro de verano:” El beso”) Hay una cadena helicoidal de tablón, luces, aplausos, que en Cáceres es visible, tiene esa condición en la inflexión de la voz, en determinada manera de respirar. Hay teatro en ese código genético que lo construyó.

En otro caso con carnadura parecida y diferente está Facundo Arana, con un trabajo que lleva un tiempo y que, como canto rodado, se pule y se pule, y se oferta diferente en cada ocasión. “Facundo Arana regresa nuevamente al teatro con el espectáculo unipersonal «En el aire», dirigido por Manuel González Gil, quien además es autor del texto.  «En el aire» cuenta con la música original de Martín Bianchedi, quien también participó en la dramaturgia junto a Sebastián Irigo.

Un locutor que es un soñador, que habla por si y por sus vísceras con un instrumento que concluye siendo algo mas, desarrolla un trabajo donde termina desnudito pidiendo que siga el teatro, el escenario, la magia. Una especie de mensaje de Moebius.

Los que llegan hasta el teatro por ese personaje de galán, donde está incluido Arana,  abandonan lo concebido, lo pre concebido y terminan siendo partícipes necesarios de un complot: “tengo que contar… escuchen…”. Arana trae la enésima variante del “érase una vez…”

La complicación, acaso íntima, es cómo estos dos actores, con algunos años de diferencia pero con una similitud en el estereotipo (galanes) se quitan el sayo y son lo que desean: Actores. Esto es un elogio y no puedo cambiarlo.

El deseo de ser actor en cada oportunidad debe refrendarse: a diferencia del cine, la televisión o las plataformas, el acto teatral es único, parecido y diferente y nunca, absolutamente, igual al de ayer. Malditas ganas de vivir en la cornisa, sobre el punto mas curvo del desfiladero. O benditas ganas de vivir.

Palabra mas, palabra menos, Arana me cuenta que el galán nunca se murió y que será cuarentón, cincuentón, maduro galán de sesenta años (parecería que ése es su tope para el rubro, já) pero que el cruzó un límite con esta obra (En el Aire) que es algo absolutamente suyo, está del otro lado viendo lo lindo de un paisaje, que la obra lo pone en otro sitio y que si, claro, que en este caso no es un Galán, pero que eso no lo molesta, que su vida va por lo que cuenta en esta obra y se debe suponer, entonces, que su mensaje es quiero soplar (tocar el saxo) quiero cantar y contar y también insistir con el mensaje: no dejen morir el teatro. Para eso insisto: Arana queda desnudo en el escenario. Chau galán. Esto es teatro. Si no te vacunaste … perdiste.

Una hermosa negra, hace unos años, cantaba una canción en portugués, en ese slang brasilero, que no es tan portugués como simplemente carioca y decía, moviéndose cadenciosamente: “Antes de me despedir /Deixo ao sambista mais novo / O meu pedido final: Não deixe o samba morrer / Não deixe o samba acabar / O morro foi feito de samba /De Samba, prá gente sambar” . Disculpas, no traduciré.

Ambos espectáculos, mas allá de lo pasional que es un texto, luces, un escenario y ese milagrito cotidiano, tienen algo de lo que pide Alcione: antes de mi despedida va mi pedido final: no dejen morir el teatro. Estoy bailando con ella. No debe morir el teatro.  Estos dos… “galanes”… juegan para eso. En ambos casos soy de la barra del bombo, no me bajo de esta tribuna.